Propias del amor…

Carl

Carl Gustav Jung

“Propias del amor son la profundidad y la sinceridad del sentimiento, sin las que el amor no es amor sino mero capricho”. De esta manera el psicólogo Carl G. Jung intentó resumir su solución al problema del amor, el cual supone un desafío para la totalidad de la persona. Es claro y directo cuando asegura que solo existen soluciones satisfactorias cuando se juega el todo por el todo. Las nimiedades son parches que no sirven para nada.

No existen medios sencillos para hacer fácil una cosa difícil como es la vida, y el amor, como parte integral de esta, no es la excepción. Para Jung el amor exige una actitud incondicional; espera una total entrega. Así como solo el creyente que se entrega por completo a su dios llega a ser partícipe de la gracia divina, el amor solo devela sus más altos secretos y maravillas a quien es capaz de la entrega y la felicidad incondicional del sentimiento. Pero este esfuerzo es tan difícil que seguramente son muy pocos los mortales que puedan presumir de haberlo conseguido. Precisamente porque el amor más entregado y más fiel es también el más hermoso, no debería nunca buscarse lo que pudiera hacerlo fácil.

Es sorprendente que estas reflexiones se hayan pronunciado hace casi cien años cuando internet no existía ni en la teoría y nadie imaginaba que el estrés de la vida social haría del hombre un ser prácticamente aislado del presente. Hoy vivimos en la era de la inmediatez, el tiempo es la materia más preciada y no se puede desperdiciar en la introspección de los sentimientos. Cuanto más nos hundimos en la rutina más nos despegamos del tiempo presente y tratamos de encontrar la manera más rápida de escapar a la soledad. De ésta manera las redes sociales se convirtieron en la estrella de nuestra era.

Ésta estrella guía es la herramienta ideal que combina la inmediatez y la posibilidad de conocer a una persona a través de un simple resumen. La velocidad desenfrenada es la ley, lo primero en ser evaluado es el físico, luego los gustos, después las fotos (la imagen es de suma importancia) y por último examinamos minuciosamente la personalidad por medio de uno o varios chats. Sin darnos cuenta dejamos los sentimientos en segundo plano porque vivirlos demandaría mucho más tiempo y quizás lo que encuentre no me guste, en consecuencia, nos convertimos en objetos.

El buscar el camino más fácil nos transformó en substancias descartables y en muchos casos, lamentablemente, nos volvemos consciente de esto cuando ya es inevitable. Tarde o temprano los sentimientos afloran y si no poseen la profundidad necesaria para el amor traen consigo nuevamente la amargura, la tristeza y la desazón. La imposibilidad de conectarse en profundidad con lo que uno siente, con la vida y con el presente es lo que en nuestros días está matando al verdadero amor.

Pero, ¿Cómo distinguir un mero capricho de algo verdadero?, ¿Cómo llegar a esa profundidad y sinceridad del sentimiento? Jung asegura que hay que comprenderse en buena medida a uno mismo si uno pretende realmente entenderse con otro. Para ser consiente de mí mismo debo poder diferenciarme de los otros. Únicamente donde existe esta diferenciación puede tener lugar una relación. Pero no menos cierto es el hecho de que en el momento que uno admite amar a alguien, admite tener mucho que perder. Sin embargo, conocerse a ese nivel implica una autoestima elevada, por lo tanto, cuando uno es consciente de que el sentimiento es profundo y sincero no le temerá a no ser correspondido.

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Amor a 36 preguntas de distancia

1421860773_040293_1421942349_noticia_normalEn 1997 el psicólogo estadounidense Arthur Aron dio forma a un cuestionario de 36 preguntas para generar intimidad, no necesariamente amorosa, de forma gradual. El objetivo era crear una relación cercana en los psicólogos en el contexto de un laboratorio de modo que se pudieran manipular y observar las variables de esta relación. Aron conformó algunas parejas entre hombres y mujeres. Una de ellas se conoció en este experimento y seis meses después contrajeron matrimonio.

Esta historia pasó desapercibida hasta hace un par de semanas cuando Mandy Len Catron, profesora de letras de la University of British Columbia en Canadá, publicó en The New York Times como se enamoró gracias a estas 36 preguntas. En palabras de ella “Lo que disfruto sobre este estudio es la forma como él (Arthur Aron) asume que el amor es una acción. Él nos deja en claro que lo que importa para mi pareja es importante para mí, porque tenemos, cuando menos, tres cosas en común y porqué me deja mirarle”.

Luego de las 36 preguntas le siguen cuatro minutos mirándose cada uno a los ojos en silencio. Len Catron recuerda ese momento de esta manera “Sé que se dice que los ojos son la ventana del alma, o lo que sea, pero el quid del momento no era sólo que yo estaba mirando a alguien, sino que estaba mirando a alguien que me estaba mirando a mí. Una vez acepté la terrorífica idea de la que me había dado cuenta y di tiempo para que se asentara, llegué a un sitio inesperado.”

La idea es que la vulnerabilidad mutua promueve cercanía. Mostrarse vulnerable ante otra persona puede ser extremadamente difícil, por eso las preguntas obligan esa aproximación. El objetivo es mostrar cómo la intimidad entre dos completos extraños puede acelerarse. Las 36 preguntas del estudio se dividen en tres grupos, con cada conjunto destinado a profundizar más que el anterior.

Aquí están, bajo la entera responsabilidad del lector de sus consecuencias, las 36 preguntas para conocer y darse a conocer a otra persona.


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“El amor en tiempos descartables”

“Anotaciones sobre el Amor (Parte I)”


Grupo 1

  1. Pudiendo elegir a cualquier persona en el mundo, ¿a quién elegirías para cenar?
  2. ¿Te gustaría ser famoso? ¿Haciendo qué?
  3. Antes de realizar una llamada por teléfono, ¿prácticas lo que vas a decir?, ¿por qué?
  4. ¿Cómo sería el día “perfecto” para ti?
  5. ¿Cuándo fue la última vez que entonaste una canción para ti mismo? ¿Y para otra persona?
  6. Si fueras capaz de vivir hasta los 90 años y mantener, o la mente o el cuerpo de tus 30 durante los últimos 60 años de tu vida, ¿cuál de los dos elegirías?
  7. ¿Tienes alguna corazonada personal sobre cómo será tu muerte?
  8. Nombren tres cosas que tú y tu compañero parezcan tener en común.
  9. ¿Por qué cosa de tu vida en particular te sientes muy agradecido?
  10. ¿Si tuvieras la posibilidad de cambiar algo en la forma en que te criaron, que cosa sería?
  11. En cuatro minutos, cuéntale a tu compañero tu historia de vida con el máximo de detalles posible.
  12. Si te levantaras de la cama en la mañana y tuvieras la posibilidad de obtener cualquier cualidad o habilidad, ¿cuál elegirías?

Grupo 2

  1. Si una bola de cristal tuviera el poder de revelarte la verdad sobre ti mismo, sobre tu vida, el futuro o cualquier otra cosa, ¿qué te gustaría saber?
  2. ¿Hay algo que estés anhelando desde hace mucho tiempo? ¿Por qué no lo has hecho?
  3. ¿Cuál es el máximo logro en tu vida?
  4. ¿Qué cosa tiene más valor para ti en una amistad?
  5. ¿Cuál es tu recuerdo más atesorado?
  6. ¿Cuál es tu recuerdo más desagradable?
  7. Si tuvieras el conocimiento de que morirás súbitamente en un año, ¿cambiaras en algo la forma en que vives ahora? ¿por qué?
  8. ¿Qué significa la amistad para ti?
  9. ¿Qué papel juega el amor en tu vida? ¿Y el afecto?
  10. De forma alternada, compartan algo que consideren una característica positiva de su pareja. Compartan un total de cinco cosas.
  11. ¿Qué tan cercana y afectuosa es tu familia? ¿Sientes que en tu infancia fuiste más feliz que la mayoría de las personas?
  12. ¿Cómo te sientes respecto a la relación que tienes con tu madre?

Grupo 3

  1. Hagan tres declaraciones verdaderas que contengan la palabra “nosotros”. Por ejemplo. “nosotros estamos en este laboratorio sintiendo…”
  2. Complemente esta oración: “Me gustaría tener alguien con quien compartir…”
  3. Si estás camino a convertirte en un gran amigo de tu compañero, por favor, comparte algo que sería importante que ella o él supieran.
  4. Menciona a tu pareja lo que te agrada de él o ella; dilo con honestidad, menciona el tipo de cosas que no puedes declarar a una persona que apenas conoces.
  5. Comparte con tu compañero un momento en el que hayas pasado mucha vergüenza en tu vida.
  6. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste frente a una persona? ¿Y a solas?
  7. Menciona a tu compañero algo que ya te guste de él o ella.
  8. ¿Qué, si existe algo, es demasiado grave como para hacer bromas al respecto?
  9. Si fueras a morir esta noche, sin la más mínima posibilidad de comunicarte con cualquier persona, ¿de qué es de lo que más te arrepientes de no haberle dicho a alguien? ¿Por qué no se lo dices?
  10. Tu casa, con todo lo que contiene, se incendia. Tras salvar a todos tus familiares y mascotas, tienes tiempo para salvar con toda la seguridad del mundo un objeto. ¿Qué sería y por qué?
  11. Imagina que de todas las personas de tu familia alguien tiene una muerte, ¿cuál sería más perturbadora y por qué?
  12. Comparte un problema personal y pide consejo a tu pareja sobre la forma como él o ella lo resolverían. Además, pídele a tu pareja que te diga como pareces estar sintiéndote sobre el problema que has elegido.

 


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“Propias del amor…”


 

Fuente: “To Fall in Love With Anyone, Do This” en The New York Times y “Estas son las 36 preguntas que conseguirán que te enamores” en El País

All You never say.

Zamba para olvidar

OlvidoEn vano es tratar de rastrear las pocas visitas que osan perturbar la tranquilidad de este viejo blog. Difícil es cortar los lazos con quien ha dejado una marca imborrable en el corazón. Egoísta es creer que esa persona aun siga pensando en mí. Insensato, esperar que algún día vuelvas.

Una vieja zamba se pregunta “No sé para qué volviste; si yo empezaba a olvidar”… Pero es mentira, todavía no empecé a olvidarte, tan solo comencé a transitar el largo camino del adiós. Seguramente algún día todo quedará en el pasado, pero hoy el presente pesa demasiado. La respiración se hace entrecortada, la angustia se empeña en revisar, investigar, trata de encontrarte en algún sitio que antes fue nuestro o en alguna foto perdida. No entra en razón, no comprende que busca alivio en los lugares equivocados.

… “Que pena me da, saber que al final de ese amor ya no queda nada”… y no debe quedar más nada. Porque ya lo intentamos todo, porque ya soportamos todo y simplemente porque no creo que haya algo que deba quedar. Porque la traición, el engaño y la mentira no son cosas que deban quedarse y sin embargo son las que hoy tengo más presentes. Qué pena me da que no haya quedado el amor, la confianza, el respeto.

El primer reflejo fue cortar con todo, forzar el olvido y en vano tratar de borrarte de todos lados, … “La tarde se ha puesto triste; y yo prefiero callar”… Evitándote quiero defenderme, pero no puedo engañarme. Por momentos creo que ésta situación es más dolorosa que lo que hemos vivido juntos. ¡Me olvido; que ciego estoy! … “Para que vamos a hablar; de cosas que ya no existen”… Para que desperdiciar energía en algo que no tuvo, no tiene, ni debería tener más sentido.

… “Solo una pobre canción; Da vueltas por mi guitarra”… Y esa canción es la de seguir en pie y caminando hacia adelante. La de seguir soñando y creyendo en algo mejor. La de no bajar los brazos, luchar y crecer. Reconociéndose a uno mismo haciéndole frente a los miedos y las angustias. Porque no es una pobre canción si se toca rodeado de los seres queridos, de los amigos y de todas aquellas personas que creen en uno.

Y sin embargo, aunque seguro no lo seas, aún no puedo quitar de mi cabeza la idea de que alguna de esas visitas solitarias fueras tú.

Zamba para olvidar

No sé para qué volviste
si yo empezaba a olvidar
No sé si ya lo sabrás llore cuando vos te fuiste
No sé para qué volviste,
que mal me hace recordar
La tarde se apuesto triste
y yo prefiero callar

Para que vamos a hablar
de cosas que ya no existen
No sé para qué volviste
ya ves que es mejor no hablar

Que pena me da saber que al final
De ese amor ya no queda nada
Solo una pobre canción da vueltas por mi guitarra
Y hace rato que te extraña
mi zamba para olvidar

Mi zamba vivió conmigo,
parte de mi soledad
No sé si ya lo sabrás mi vida se fue contigo
Contigo mi amor contigo
Que mal me hace recordar

Mis manos ya son de barro,
tanto apretar al dolor
Y ahora que me falta el sol,
no sé qué venís buscando
Llorando mi amor llorando
También olvidame vos.

Ver

(Letra: Julio Fontana. Música: Daniel Toro)

Un amargo adiós

deciradiosHace un par de semanas una amiga publico en su muro una frase que decía más o menos así: “Si eres valiente para decir ADIÓS la vida te recompensará con un nuevo HOLA, porque lo que unos desperdician… otros mueren por tenerlo.” Y después de leer me pregunté ¿somos valientes? ¿Por qué es tan difícil decir adiós? Pero después de pensarlo caí en la cuenta de que todos, muy dentro nuestro, conocemos las respuestas, es que simplemente… somos cobardes.

Somos cobardes, porque decir adiós significa que una parte nuestra muere con esa persona y la verdad es que no queremos que muera. Preferimos mantener esa parte en lo que yo diría un estado de coma del cual nunca sabremos si despertará. Ya no reacciona, no sabemos si en un futuro se levantará, la llevamos a todos lados como si fuese una mochila cargada de piedras. Pero todo eso no importa, aún la tenemos con nosotros, sigue siendo nuestra.

Creemos que los recuerdos se esfumarán, todo desaparecerá y habrá que empezar de nuevo. Pero lo que es peor, vivimos aferrados a esos recuerdos y no nos damos cuenta que son simplemente evocaciones de un pasado encerradas en nuestra mente. Nos cuesta recordar que vivimos a través de los sentidos y no de estos recuerdos. La sensación de dos labios chocándose, oler ese perfume que emana la piel, acariciar suavemente una espalda o simplemente observar la sonrisa de una persona cuando esta junto a nosotros tiene mucho más valor que un simple recuerdo. Son esas pequeñas cosas las que nos hacen sentir más vivos. Pero vivir de esos recuerdos parece ser más fácil, pues ellos no nos lastiman.

No decimos adiós porque también tenemos temor a lo desconocido, decir adiós implica abrirse a un mundo nuevo, a nuevas experiencias y a nuevas personas. Esto quiere decir que también nos abrimos a una nueva posibilidad de que nos lastimen, que no nos valoren, de volver a revivir ese pasado al que creímos decirle adiós. Sin embargo me parece que en este punto es donde deberíamos dar lugar a la experiencia. ¡Ojo! nadie garantiza que no revivamos aquello que dejamos en el olvido. Simplemente cuando decimos adiós significa que crecimos y aprendimos que es lo que nos hace mal y que queremos para nuestra vida de ahí en más.

Decir adiós significa dejar de lado esa mochila y no quiere decir que necesariamente nosotros somos los que vamos a decir el nuevo hola. Dejar de lado esa parte nuestra que esta moribunda nos dará el espacio y tiempo necesario para ver aquello que antes teníamos frente a nuestras narices. Recuerdo el dicho popular que reza “el árbol no te deja ver el bosque”. Y esto es verdad, el árbol es ese adiós que tanto nos cuesta decir, no vemos que más allá hay todo un mundo nuevo por explorar y conocer.

Adiós no quiere decir que tengamos que renunciar a todo lo que creímos que era bueno, sino más bien quiere decir que debemos aceptar aquello que ya no tiene futuro. Una vez aceptado esto podremos comenzar a construir un nuevo futuro en base a lo que creemos que es correcto y bueno para nosotros. Saber despedirse es lo más importante porque no hay nada más triste que extrañar a aquella persona que está a tu lado.

 

Les dejo la frase completa que sirvió como disparador de esta nota:

“Es mejor retirarse y dejar un bonito recuerdo, que insistir y convertirse en una verdadera molestia. No se pierde lo que no tuviste, no se mantiene lo que no es tuyo y no puede aferrarse a lo que no se quiere quedar. Si eres valiente para decir ADIÓS la vida te recompensará con un nuevo HOLA. Porque lo que unos desperdician… otros mueren por tenerlo”

La maldición de la esperanza

EsperanzaHace ya 45 años el filósofo humanista Erich Fromm publicaba “La Revolución de la Esperanza” como observación aciaga del avance de la tecnología sobre las relaciones humanas. Para Fromm el ser humano se dirigía inminente-mente hacia una mecanización y estandarización de las ideas. El hombre como tal perdería su independencia y pasaría a ser un engranaje de la “maquina”. Ante este horizonte sombrío Fromm plantea la idea de un movimiento humanista radical, consistente en grupos pequeños y descentralizados con una meta común y un común aprecio de los valores de una vida nuevamente orientada. Semejantes activistas de la esperanza, en opinión del autor, podrán superar las compulsiones de nuestra era tecnológica.

Cuando escribe este libro Fromm pensaba en vislumbrar un camino que conduzca al renacimiento del humanismo y la esperanza. La esperanza en una sociedad que pondrá la técnica al servicio del bienestar del hombre. Sus ideas se fundan en la convicción de que podemos hallar las nuevas soluciones necesarias con la ayuda de la razón y el amor apasionado por la vida, y no a través de la irracionalidad y el odio.

Sin embargo cuatro décadas y media después ¿Dónde nos encontramos?. ¿Somos o no una pieza de esta gran maquinaria que es la sociedad de consumo capitalista? Lamentablemente no creo que estemos ni siquiera cerca de lo que Fromm pregonaba mucho tiempo atrás. Nos hemos vuelto cada vez mas individualistas queriéndonos diferenciar a gritos del resto de las personas. Pero lo cierto es que todos ya somos parte de una gran maquinaria global que parece aplacarnos y encasillarnos sobre un limitado numero de diferencias. No somos realmente muy diferentes el uno del otro, Internet y las redes sociales nos dan la posibilidad de presentarnos al mundo pero siempre bajo las leyes que nos plantea el mundo digitalizado y virtual. Al parecer ya no alcanza con la esperanza

Hoy más que nunca las palabras de Nietzche parecen tener completa vigencia. El decía “La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento de los hombres”. Por un lado podemos discutir lo que muchos llamarían el aspecto negativo de esta frase. La esperanza parece ser un estado de inacción en el cual el hombre se sumerge con la idea de un futuro mejor que hoy esta lejos de sus posibilidades o control pero que quizá el día de mañana será posible alcanzar.

Depositar la esperanza en otras personas o situaciones como por ejemplo cuando decimos: “tengo la esperanza de que tal persona cambie sus actitudes” nos puede bloquear en el presente, nos hace pensar que el cambio no depende de nosotros. Esta idea nos sumerge en el peligro de la inacción, de esperar sentados a que el destino arregle todo por nosotros. Y este es el tormento al que se refiere Nietzche, al sufrimiento que genera el estar una eternidad esperando que las situaciones, los problemas, las relaciones, los dolores se esfumen, se solucionen o que simplemente muten hacia algo más controlable.

Pese a todo no creo que el pensamiento del filósofo alemán sea fatalista o convoque a la inacción. Me parece todo lo contrario, es un grito desesperado para entrar en acción. Para despertarnos de la ilusión y poner manos a la obra porque nosotros somos los constructores de nuestro propio destino. Simplemente no se trata de descartar la esperanza sino volverla real. Es un llamado para que no nos quedemos en nuestros sueños y salgamos a conquistarlos. Por eso, cada vez que se presenta una situación difícil y sin perspectivas escucho decir “la esperanza es lo último que se pierde” sin embargo creo que para salir adelante y luchar por un futuro mejor la esperanza debería ser lo primero en perderse.

Ese objeto del deseo (apéndice de Anotaciones sobre el Amor)

Espero, con la última seguidilla de notas sobre el amor, haber contribuido apenas un poco en la difícil tarea de desmitificar tal sentimiento. Sé que el tema es amplio y puede dar a lugar a miles y miles de páginas que llegarían a otras tantas miles de conclusiones. Por eso mismo creo que más adelante el tema del amor sobrevolara nuevamente este blog. Pero volviendo al tema de hoy quiero que esta nota sea a manera de apéndice sobre el triangulo que forma el amor, el deseo y la infidelidad. Porque si hablamos de amor el peor miedo que siempre surge con él es el de la infidelidad.

Este triangulo se compone de dos elementos que son de raíces culturales y sociales (amor e infidelidad) y otro que es puramente psicológico (deseo). Los seres humanos nacemos en una sociedad sin poder elegirla, somos productos culturales de la misma. Somos un simple engranaje que permite perpetuar el orden civilizado. En una sociedad occidental como la nuestra el amor marital parece tener que estar dirigido únicamente a una persona y la infidelidad se presenta como la traición a ese pacto de amor entre dos personas. La infidelidad es una construcción cultural derivada de otra, también cultural como lo es el amor.

Estas no son más que “reglas” culturales que no compatibilizan del todo con el deseo. El deseo es un impulso y como tal es difícil de controlar hasta que lo satisfacemos. Las motivaciones de un deseo y la elección del objeto al que está dirigido varían de persona a persona. Lo que es común a todos es que el deseo una vez satisfecho muda de objeto. Por ejemplo, puedo desear con todas mis fuerzas comprarme un auto, una vez que logro mi objetivo mi deseo se encuentra satisfecho por lo que mi impulso se mudara hacia otro objeto como puede ser querer comprar una casa. Desde este punto de vista el deseo es fundamental para nuestro desarrollo como personas ya que es este impulso el que nos motivará al cambio, al crecimiento, a mirar un futuro con esperanzas. Sin deseos nos encontraríamos estancados siempre en el mismo sitio.

Pero como deseamos objetos o llegar a determinadas metas también podemos desear a otra persona. Y aquí podemos hacer una diferencia entre desear y amar a una persona. Puedo desear sexualmente a un individuo sin el amor de por medio. Por eso es común que el infiel no deje fácilmente a su pareja por otra persona que solo está para satisfacer un deseo. Que deseemos a otra persona no quiere decir que la amemos. En este punto es importante comprender que la infidelidad no implica siempre que el amor haya desaparecido. El problema se presenta cuando anteponemos nuestros deseos sobre la confianza y el amor de la pareja sin medir el daño que podemos causarle.

No profundizare en definir el amor ya que las notas anteriores bastan para ello. Solo recordaremos que el amor se basa en una relación de confianza, de aceptación y sobre todo de respeto. El deseo no entiende de estas razones, por supuesto que muchas personas pueden controlar estos impulsos sublimándolos hacia otros objetos que no dañan la pareja. Pero tampoco debemos engañarnos con la ilusión de que una persona puede ser completamente fiel ya que nunca comprenderemos cuales son los motivos que disparan sus deseos y hacia quienes están dirigidos. Por otro lado tampoco es correcto jactarse de que uno es fiel y siempre lo será porque el objeto del deseo es muy cambiante.

Creo que la fidelidad y la infidelidad no hacen otra cosa que reforzar la definición de amor. Todo se basa en la confianza y el respeto, como decía en notas anteriores el amor es un salto de fe. Definitivamente no es bueno dejar de vivir el amor por miedo a la infidelidad. Que el miedo no nos prive de muchas cosas bellas; y si nos toca caer, nunca es tarde para aprender y ser más precavido para la próxima vez.

“No todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama”

Anotaciones sobre el Amor (Parte I)

En estos últimos meses el tema de mi lectura en el campo de la no ficción fue bastante particular: el amor. Leí varios libros (alternados entre algunos de ficción que me regalaron) que abordan el amor desde distintos aspectos como el sociológico, humanista, psicológico, histórico, etc. Leí todos ellos con la esperanza de encontrar la seguridad de la teoría, con la idea de desmitificar aquello que las películas nos venden como una vida perfecta, donde basta una mirada para conocerse por completo y donde el tiempo que lleva construir una relación transcurre en las pocas milésimas que tarda el fundido entre escena y escena. Digo esto porque he comprado esta imagen falsa que dista bastante de la realidad agotadora en la que se sufre, se esperanza, se confunde y por qué no, también se disfruta. Igualmente quiero aclarar que no es culpa del cine, porque el cine es eso, una fábrica de sueños. ¿Quién no soñó con la pareja perfecta?, ¿Quién no se ilusionó con la simpleza con la que se plantean las relaciones?, ¿Quién no desea llegar a la vejez junto a esa persona que ha hecho cada día de la existencia un día mejor? Pues quien no lo haya hecho que arroje la primera piedra.

Ya sabemos que el amor no es como lo pintan en las películas, pero entonces ¿Por qué lo pintan así? El abordaje sociológico sobre el amor me dio una idea aproximada de este por qué. Claramente vivimos en una sociedad capitalista de masas donde todo puede ser empaquetado y vendido al mejor postor. Nada queda exento de esta mecánica diabólica, ni siquiera el amor. El amor en nuestra sociedad se convierte en un producto que podemos adquirir y cambiar cuando sale al mercado una nueva versión. Las industrias culturales no están exentas posibilitando la reproducción de una imagen del amor lo más plana posible. Aquí las películas románticas cumplen un papel fundamental al convertirse en un medio para reproducir relaciones ideales de fácil consumo y descartables. Las relaciones que plantean estos tipos de films son idílicas donde todo los problemas se resuelve llegando al final, lo que nadie nos quiere contar es qué sucede después de los títulos.

La dinámica del consumo es la dinámica de la rapidez, de tenerlo todo ahora. Inmediatamente buscamos escaparnos de una relación cuando esta se vuelve estéril. Cuando una relación también comienza a dejarnos sin aire el mercado del amor nos brinda la posibilidad de sustituirla por otra completamente nueva acorde a nuestras exigencias. A partir de esto el sociólogo Zigmunt Bauman diría que el amor se convirtió en un líquido, en algo que corre hacia donde la gravedad del mercado capitalista lo lleve. Un amor donde ya nada está definido y nada es seguro, donde todo puede acabar de un momento a otro. Simplemente nos dejamos llevar por la maquinaria del consumo.

Luego de aclarado el aspecto sociológico me pregunté entonces en qué consiste realmente amar. Es aquí donde llega a mis manos un libro de Erich Fromm: “El arte de amar” y es que el autor plantea que amar es un arte. Al ser un arte esto implica que hay una o varias técnicas para dominarla y ponerlo en práctica. Lamentablemente nadie nos enseña amar ya que amar es una experiencia personal que solo podemos tener por y para nosotros. Ahora bien, para Fromm la práctica de cualquier arte tiene ciertos requisitos. En primer lugar requiere disciplina: nunca haré nada bien si no lo hago de una manera disciplinada; cualquier cosa que haga solo porque tengo el estado de ánimo apropiado puede constituir un hobby más nunca llegaré a ser un maestro en este arte. No se trata de una disciplina relativa a la práctica de un arte particular, sino en la disciplina en toda la vida.

La concentración es la segunda condición indispensable. Parece difícil en una cultura que lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada donde se hacen muchas cosas a la vez. La falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Un tercer factor es la paciencia, necesaria para lograr cualquier cosa. Si aspiramos a obtener resultados rápidos, nunca aprenderemos un arte. Para el hombre moderno es difícil practicar la paciencia ya que todo nuestro sistema industrial alimenta precisamente lo contrario: la rapidez. Otra condición para aprender cualquier arte es una preocupación suprema por el dominio del arte. Si se aspira a ser un maestro en cualquier arte, toda la vida debe estar dedicada a él.

Una vez cumplido los requisitos la práctica del arte de amar requiere la práctica de la fe. Entendemos aquí a la fe como la cualidad de certeza y firmeza que poseen nuestras convicciones. Tener fe requiere coraje, la capacidad de correr un riesgo, la disposición a aceptar incluso el dolor y la desilusión. Ser amado y amar requiere coraje, la valentía de atribuir a ciertos valores fundamental importancia (y de dar el salto y apostar a todos esos valores). Cada traición a la fe nos debilita y la mayor debilidad nos lleva a una traición y así en adelante a un círculo vicioso. Entonces mientras tememos conscientemente no ser amados, el temor real, aunque habitualmente inconsciente, es el de amar.

Amar significa comprometerse sin garantías, entregarse totalmente con la esperanza de producir amor en la persona amada. El amor es un acto de fe, y quien tenga poca fe también tiene poco amor.

 

Continuará…