Que yo no pierda…

Que yo no pierda
la VOLUNTAD DE VIVIR,
aún sabiendo
que la vida es,
en muchos momentos, dolorosa…

Que yo no pierda
el OPTIMISMO,
aún sabiendo
que el futuro que nos espera
puede no ser tan alegre…

Que yo no pierda
el EQUILÍBRIO,
aún sabiendo
que inumerables fuerzas
quieren que yo caiga…

Que yo no pierda
la GARRA,
aún sabiendo
que la derrota y la pérdida
son dos adversários extremadamente peligrosos…

Que yo no pierda
la RAZON,
aún sabiendo
que las tentaciones de la vida
son imnumerables y deliciosas…

Que yo no pierda
el SENTIMIENTO DE JUSTICIA
aún sabiendo
que el perjudicado pueda ser yo…

Que yo no pierda
la LUZ Y EL BRILLO AL MIRAR,
aún sabiendo que
muchas cosas que veré en el mundo
obscureserán mis ojos…

Que yo no pierda
la virtud de
AYUDAR A LAS PERSONAS
aún sabiendo
que muchas de ellas
son incapaces de ver,
reconocer y retribuir,
esta ayuda…

Que yo no pierda
la virtud de tener
GRANDES AMIGOS,
aún sabiendo
que, con las vueltas del mundo,
ellos acaban marchándose de nuestras vidas…

Que yo no pierda
la VIRTUD DE AMAR,
aún sabiendo
que la persona que yo más amo
puede no sentir el mismo sentimiento por mi…

Que yo no pierda
mi FUERTE ABRAZO,
aún sabiendo
que un día
mis brazos estarán débiles…

Que yo no pierda
el AMOR POR MI FAMÍLIA,
aún sabiendo
que ella muchas veces
me exigiría esfuerzos increibles
para mantener su armonía…

Que yo no pierda
el ROMANTISISMO,
aún sabiendo
que las rosas no hablan…

Que yo no pierda
la BELLEZA
y la ALEGRIA DE VER,
aún sabiendo
que muchas lágrimas brotaran de mis ojos
y escurrirán por mi alma…

Que yo no pierda
la virtud de
REGALAR ESTE ENORME AMOR
que existe en mi corazón,
aún sabiendo
que muchas veces
el será sometido y juzgado…

Que yo no pierda
la virtud de
SER GRANDE,
aún sabiendo
que el mundo es pequeño…

y después de todo…

Que un pequeño grano de alegría y esperanza
dentro de cada uno,
es capaz de cambiar y transformar
cualquier cosa,

pues…

LA VIDA ES CONSTRUÍDA CON SUEÑOS
Y REALIZADA CON AMOR!

(http://blunelblu.blogspot.com.ar/)

Anuncios

La maldición de la esperanza

EsperanzaHace ya 45 años el filósofo humanista Erich Fromm publicaba “La Revolución de la Esperanza” como observación aciaga del avance de la tecnología sobre las relaciones humanas. Para Fromm el ser humano se dirigía inminente-mente hacia una mecanización y estandarización de las ideas. El hombre como tal perdería su independencia y pasaría a ser un engranaje de la “maquina”. Ante este horizonte sombrío Fromm plantea la idea de un movimiento humanista radical, consistente en grupos pequeños y descentralizados con una meta común y un común aprecio de los valores de una vida nuevamente orientada. Semejantes activistas de la esperanza, en opinión del autor, podrán superar las compulsiones de nuestra era tecnológica.

Cuando escribe este libro Fromm pensaba en vislumbrar un camino que conduzca al renacimiento del humanismo y la esperanza. La esperanza en una sociedad que pondrá la técnica al servicio del bienestar del hombre. Sus ideas se fundan en la convicción de que podemos hallar las nuevas soluciones necesarias con la ayuda de la razón y el amor apasionado por la vida, y no a través de la irracionalidad y el odio.

Sin embargo cuatro décadas y media después ¿Dónde nos encontramos?. ¿Somos o no una pieza de esta gran maquinaria que es la sociedad de consumo capitalista? Lamentablemente no creo que estemos ni siquiera cerca de lo que Fromm pregonaba mucho tiempo atrás. Nos hemos vuelto cada vez mas individualistas queriéndonos diferenciar a gritos del resto de las personas. Pero lo cierto es que todos ya somos parte de una gran maquinaria global que parece aplacarnos y encasillarnos sobre un limitado numero de diferencias. No somos realmente muy diferentes el uno del otro, Internet y las redes sociales nos dan la posibilidad de presentarnos al mundo pero siempre bajo las leyes que nos plantea el mundo digitalizado y virtual. Al parecer ya no alcanza con la esperanza

Hoy más que nunca las palabras de Nietzche parecen tener completa vigencia. El decía “La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento de los hombres”. Por un lado podemos discutir lo que muchos llamarían el aspecto negativo de esta frase. La esperanza parece ser un estado de inacción en el cual el hombre se sumerge con la idea de un futuro mejor que hoy esta lejos de sus posibilidades o control pero que quizá el día de mañana será posible alcanzar.

Depositar la esperanza en otras personas o situaciones como por ejemplo cuando decimos: “tengo la esperanza de que tal persona cambie sus actitudes” nos puede bloquear en el presente, nos hace pensar que el cambio no depende de nosotros. Esta idea nos sumerge en el peligro de la inacción, de esperar sentados a que el destino arregle todo por nosotros. Y este es el tormento al que se refiere Nietzche, al sufrimiento que genera el estar una eternidad esperando que las situaciones, los problemas, las relaciones, los dolores se esfumen, se solucionen o que simplemente muten hacia algo más controlable.

Pese a todo no creo que el pensamiento del filósofo alemán sea fatalista o convoque a la inacción. Me parece todo lo contrario, es un grito desesperado para entrar en acción. Para despertarnos de la ilusión y poner manos a la obra porque nosotros somos los constructores de nuestro propio destino. Simplemente no se trata de descartar la esperanza sino volverla real. Es un llamado para que no nos quedemos en nuestros sueños y salgamos a conquistarlos. Por eso, cada vez que se presenta una situación difícil y sin perspectivas escucho decir “la esperanza es lo último que se pierde” sin embargo creo que para salir adelante y luchar por un futuro mejor la esperanza debería ser lo primero en perderse.

Anotaciones sobre el Amor (Parte I)

En estos últimos meses el tema de mi lectura en el campo de la no ficción fue bastante particular: el amor. Leí varios libros (alternados entre algunos de ficción que me regalaron) que abordan el amor desde distintos aspectos como el sociológico, humanista, psicológico, histórico, etc. Leí todos ellos con la esperanza de encontrar la seguridad de la teoría, con la idea de desmitificar aquello que las películas nos venden como una vida perfecta, donde basta una mirada para conocerse por completo y donde el tiempo que lleva construir una relación transcurre en las pocas milésimas que tarda el fundido entre escena y escena. Digo esto porque he comprado esta imagen falsa que dista bastante de la realidad agotadora en la que se sufre, se esperanza, se confunde y por qué no, también se disfruta. Igualmente quiero aclarar que no es culpa del cine, porque el cine es eso, una fábrica de sueños. ¿Quién no soñó con la pareja perfecta?, ¿Quién no se ilusionó con la simpleza con la que se plantean las relaciones?, ¿Quién no desea llegar a la vejez junto a esa persona que ha hecho cada día de la existencia un día mejor? Pues quien no lo haya hecho que arroje la primera piedra.

Ya sabemos que el amor no es como lo pintan en las películas, pero entonces ¿Por qué lo pintan así? El abordaje sociológico sobre el amor me dio una idea aproximada de este por qué. Claramente vivimos en una sociedad capitalista de masas donde todo puede ser empaquetado y vendido al mejor postor. Nada queda exento de esta mecánica diabólica, ni siquiera el amor. El amor en nuestra sociedad se convierte en un producto que podemos adquirir y cambiar cuando sale al mercado una nueva versión. Las industrias culturales no están exentas posibilitando la reproducción de una imagen del amor lo más plana posible. Aquí las películas románticas cumplen un papel fundamental al convertirse en un medio para reproducir relaciones ideales de fácil consumo y descartables. Las relaciones que plantean estos tipos de films son idílicas donde todo los problemas se resuelve llegando al final, lo que nadie nos quiere contar es qué sucede después de los títulos.

La dinámica del consumo es la dinámica de la rapidez, de tenerlo todo ahora. Inmediatamente buscamos escaparnos de una relación cuando esta se vuelve estéril. Cuando una relación también comienza a dejarnos sin aire el mercado del amor nos brinda la posibilidad de sustituirla por otra completamente nueva acorde a nuestras exigencias. A partir de esto el sociólogo Zigmunt Bauman diría que el amor se convirtió en un líquido, en algo que corre hacia donde la gravedad del mercado capitalista lo lleve. Un amor donde ya nada está definido y nada es seguro, donde todo puede acabar de un momento a otro. Simplemente nos dejamos llevar por la maquinaria del consumo.

Luego de aclarado el aspecto sociológico me pregunté entonces en qué consiste realmente amar. Es aquí donde llega a mis manos un libro de Erich Fromm: “El arte de amar” y es que el autor plantea que amar es un arte. Al ser un arte esto implica que hay una o varias técnicas para dominarla y ponerlo en práctica. Lamentablemente nadie nos enseña amar ya que amar es una experiencia personal que solo podemos tener por y para nosotros. Ahora bien, para Fromm la práctica de cualquier arte tiene ciertos requisitos. En primer lugar requiere disciplina: nunca haré nada bien si no lo hago de una manera disciplinada; cualquier cosa que haga solo porque tengo el estado de ánimo apropiado puede constituir un hobby más nunca llegaré a ser un maestro en este arte. No se trata de una disciplina relativa a la práctica de un arte particular, sino en la disciplina en toda la vida.

La concentración es la segunda condición indispensable. Parece difícil en una cultura que lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada donde se hacen muchas cosas a la vez. La falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Un tercer factor es la paciencia, necesaria para lograr cualquier cosa. Si aspiramos a obtener resultados rápidos, nunca aprenderemos un arte. Para el hombre moderno es difícil practicar la paciencia ya que todo nuestro sistema industrial alimenta precisamente lo contrario: la rapidez. Otra condición para aprender cualquier arte es una preocupación suprema por el dominio del arte. Si se aspira a ser un maestro en cualquier arte, toda la vida debe estar dedicada a él.

Una vez cumplido los requisitos la práctica del arte de amar requiere la práctica de la fe. Entendemos aquí a la fe como la cualidad de certeza y firmeza que poseen nuestras convicciones. Tener fe requiere coraje, la capacidad de correr un riesgo, la disposición a aceptar incluso el dolor y la desilusión. Ser amado y amar requiere coraje, la valentía de atribuir a ciertos valores fundamental importancia (y de dar el salto y apostar a todos esos valores). Cada traición a la fe nos debilita y la mayor debilidad nos lleva a una traición y así en adelante a un círculo vicioso. Entonces mientras tememos conscientemente no ser amados, el temor real, aunque habitualmente inconsciente, es el de amar.

Amar significa comprometerse sin garantías, entregarse totalmente con la esperanza de producir amor en la persona amada. El amor es un acto de fe, y quien tenga poca fe también tiene poco amor.

 

Continuará…