El amor en tiempos descartables

Nuevamente frente al teclado pienso lo difícil que es organizar las ideas y aun más complicado poder escribirlas de manera clara. Pero, ¿difícil es organizar o hacerse un tiempo para pensar? En esta sociedad tan demandante del tiempo siempre nos quedamos sin espacio para lo que realmente es importante. Sobrevaloramos objetos o relaciones que simplemente nos brindan un efímero estado de bienestar. Vivimos el ahora, todo se vuelve tristemente descartable cuando deja de funcionar o ya no nos satisface.

 

Semanas atrás posteaba un cuento que nos contaba de manera poética el porque el amor es ciego y siempre va acompañado de la locura. Inevitablemente, dentro de lo descartable, también entran las relaciones amorosas. Decimos que el amor es ciego porque uno no elije de quien enamorarse, y esto continua siendo así hasta nuestros días. Sin embargo la locura ya no está puesta en el hecho de que perdemos la cabeza por el ser amado. La locura ya no es tan locura en la era de lo superficial. Solo importa la satisfacción y en una sociedad capitalista el amor se convierte en una mercancía más que se puede tasar, negociar, comprar y tirar si ya no nos sirve o fue superada por un modelo mejor.

La locura de perder la cabeza es sustituida por la locura del consumo. Inmediatamente buscamos escaparnos de una relación cuando esta se vuelve estéril. Las relaciones se vuelven casuales con el único fin de satisfacer aquello que la rutina ahoga. Cuando una relación también comienza a dejarnos sin aire el mercado del amor nos brinda la posibilidad de sustituirla por otra completamente nueva acorde a nuestras exigencias.

El sociólogo Zigmunt Bauman diría que el amor se convirtió en un líquido, en algo que corre hacia donde la gravedad del mercado capitalista lo lleve. Un amor donde ya nada está definido y nada es seguro, donde todo puede acabar de un momento a otro. Es cierto que las relaciones esporádicas que solo buscan la satisfacción momentánea no nos ayudan a crecer y tampoco nos convierten en personas más experimentadas. Simplemente nos dejan suspendidos en un tiempo de inmadurez y no nos desarrollamos como personas capaces de amar. Simplemente nos dejamos llevar por la maquinaria del consumo.

No quiero ni tengo la intención de ser pesimista por eso creo que aún existe ese amor que es para siempre. Cuanto más individualista nos volvemos más difícil es de encontrar. Por eso es necesario dejar de lado el egoísmo y comprender que una relación se forja en la satisfacción mutua y no la de uno solo. No creo en ninguna de las locuras mencionadas anteriormente, solo pienso que en el compartir el amor se encuentra mayor felicidad que en el solo hecho de recibir.

Desgraciadamente el tiempo es cada vez más rápido, prácticamente no nos deja detenernos a pensar. No nos deja detenernos a mirar que es lo que hace feliz a la otra persona, a intentar comprender simplemente que si uno no da todo de si difícilmente reciba algo a cambio.

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