Tanto he soñado

Los doctores que saben de esto aseguran que cuando dormimos siempre soñamos. Yo, a pesar de cualquier esfuerzo matutino, tengo la terrible desdicha de recordar tan solo uno o dos al mes. Los pocos que logro rememorar tratan siempre de lo mismo. De los que caen en el olvido, solo queda especular. Pero, aunque no consiga recordarlos, algo muy dentro mío me dice que todos son el mismo sueño.

“Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo
y besar sobre esa boca
el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto he soñado contigo,
que mis brazos habituados a cruzarse
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,
y tal vez ya no sepan adaptarse
al contorno de tu cuerpo.
Tanto he soñado contigo,
que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie,
con mi pobre cuerpo ofrecido
a todas las apariencias
de la vida y del amor, y tú, eres la única
que cuenta ahora para mí.
Más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios, que los primeros labios
y la primera frente que encuentre.
Y frente a la existencia real
de aquello que me obsesiona
desde hace días y años
seguramente me transformaré en sombra.
Tanto he soñado contigo,
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado
de tu sombra y de tu fantasma,
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma
entre los fantasmas y cien veces más sombra
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.”

Robert Desnos; A la Misteriosa (1926)

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Propias del amor…

Carl

Carl Gustav Jung

“Propias del amor son la profundidad y la sinceridad del sentimiento, sin las que el amor no es amor sino mero capricho”. De esta manera el psicólogo Carl G. Jung intentó resumir su solución al problema del amor, el cual supone un desafío para la totalidad de la persona. Es claro y directo cuando asegura que solo existen soluciones satisfactorias cuando se juega el todo por el todo. Las nimiedades son parches que no sirven para nada.

No existen medios sencillos para hacer fácil una cosa difícil como es la vida, y el amor, como parte integral de esta, no es la excepción. Para Jung el amor exige una actitud incondicional; espera una total entrega. Así como solo el creyente que se entrega por completo a su dios llega a ser partícipe de la gracia divina, el amor solo devela sus más altos secretos y maravillas a quien es capaz de la entrega y la felicidad incondicional del sentimiento. Pero este esfuerzo es tan difícil que seguramente son muy pocos los mortales que puedan presumir de haberlo conseguido. Precisamente porque el amor más entregado y más fiel es también el más hermoso, no debería nunca buscarse lo que pudiera hacerlo fácil.

Es sorprendente que estas reflexiones se hayan pronunciado hace casi cien años cuando internet no existía ni en la teoría y nadie imaginaba que el estrés de la vida social haría del hombre un ser prácticamente aislado del presente. Hoy vivimos en la era de la inmediatez, el tiempo es la materia más preciada y no se puede desperdiciar en la introspección de los sentimientos. Cuanto más nos hundimos en la rutina más nos despegamos del tiempo presente y tratamos de encontrar la manera más rápida de escapar a la soledad. De ésta manera las redes sociales se convirtieron en la estrella de nuestra era.

Ésta estrella guía es la herramienta ideal que combina la inmediatez y la posibilidad de conocer a una persona a través de un simple resumen. La velocidad desenfrenada es la ley, lo primero en ser evaluado es el físico, luego los gustos, después las fotos (la imagen es de suma importancia) y por último examinamos minuciosamente la personalidad por medio de uno o varios chats. Sin darnos cuenta dejamos los sentimientos en segundo plano porque vivirlos demandaría mucho más tiempo y quizás lo que encuentre no me guste, en consecuencia, nos convertimos en objetos.

El buscar el camino más fácil nos transformó en substancias descartables y en muchos casos, lamentablemente, nos volvemos consciente de esto cuando ya es inevitable. Tarde o temprano los sentimientos afloran y si no poseen la profundidad necesaria para el amor traen consigo nuevamente la amargura, la tristeza y la desazón. La imposibilidad de conectarse en profundidad con lo que uno siente, con la vida y con el presente es lo que en nuestros días está matando al verdadero amor.

Pero, ¿Cómo distinguir un mero capricho de algo verdadero?, ¿Cómo llegar a esa profundidad y sinceridad del sentimiento? Jung asegura que hay que comprenderse en buena medida a uno mismo si uno pretende realmente entenderse con otro. Para ser consiente de mí mismo debo poder diferenciarme de los otros. Únicamente donde existe esta diferenciación puede tener lugar una relación. Pero no menos cierto es el hecho de que en el momento que uno admite amar a alguien, admite tener mucho que perder. Sin embargo, conocerse a ese nivel implica una autoestima elevada, por lo tanto, cuando uno es consciente de que el sentimiento es profundo y sincero no le temerá a no ser correspondido.

El difícil arte de escribir

plumaYa pasó más de un año sin haber publicado ni un pequeño párrafo en este blog. Si la última nota hacía referencia a cómo enamorarse con algunas preguntas esta vez me pareció adecuado alejarnos del amor (no mucho) y abordar la ardua tarea de escribir. Seamos honestos, siempre hay algo para expresar independientemente del medio que elijamos para tal fin. La música, la pintura, el cine, una charla de café con amigos, una carta, una indirecta en las redes sociales. Todos son posibles y todos encierran diferentes grados de dificultad.

El Nobel de literatura Thomas Mann caracterizaba de manera ingeniosa su profesión. El señalaba que “Un escritor es alguien para quien la escritura es más difícil de lo que es para otras personas”. Hasta ahora no leí una descripción tan acertada de lo que fue este último año. ¿Pero donde radica ésta dificultad? Aunque tengamos siempre algo para decir muchas veces lleva su tiempo transformarlo en algo claro y preciso; y mucho más difícil se hace si la intención es compartirlo con el mayor número posible de personas.

La materia prima de un escritor es la vida misma dividida en experiencias, emociones, traumas, amor y todo aquello que sea importante para conformar la personalidad de cada uno. Constantemente, buscadas o no, la vida nos sorprende con nuevas experiencias y muchas de ellas tienen la capacidad de transformarnos. La vida siempre va un paso a delante y asimilarlo para volcarlo al papel puede llevar su tiempo. Se pueden sentir cosas nuevas pero la capacidad de escritura es vieja, hecha para la persona que era antes, y ahora ya no alcanza. Es ese momento en el que todo se paraliza, el contenido desborda las palabras, la estructura y la forma. Es tanto lo que uno quiere expresar que el bloqueo se asemeja a un inmenso dique intentando contener la inundación que puede provocar un río a punto de rebasar.

Muchos pueden decir que hay que dejar correr el agua, pero a veces es tanta que la inundación resultante no ayuda sino que empeora, desordena, destruye y a fin de cuentas arrasa con todo a su camino sin dejar nada claro en pie. El secreto quizás esté en aceptar el momento, escuchar lo que nos cuenta nuestro alrededor, madurar, crecer y hacer más fuerte ese dique para poder soltar la presión de tal manera que la energía producida sea limpia, duradera y liberadora con uno mismo. Aprender a expresar de manera artística lo que sentimos es un acto de madurez constante que ocupa toda la vida. La inspiración llega cuando iluminamos esos sentimientos, inmediatamente la creatividad será la encargada de transformar eso en un texto, una pintura o una partitura.

Una persona que ama escribir debe comprender que amar también es un arte. Esto implica que exista al menos una técnica para dominarlo y ponerlo en práctica. Ahora bien, para Erich Fromm la práctica de cualquier arte tiene ciertos requisitos. En primer lugar requiere disciplina: nunca haré nada bien si no lo hago de una manera disciplinada; cualquier cosa que haga solo porque tengo el estado de ánimo apropiado puede constituir un hobby más nunca llegaré a ser un maestro en este arte. La concentración es la segunda condición indispensable. Parece difícil en una cultura que lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada donde se hacen muchas cosas a la vez. La falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Un tercer factor es la paciencia, necesaria para lograr cualquier cosa. Si aspiramos a obtener resultados rápidos, nunca aprenderemos un arte. Una vez cumplido los requisitos, la práctica del arte de escribir y amar requiere la práctica de la fe. Entendemos aquí a la fe como la cualidad de certeza y firmeza que poseen nuestras convicciones. Tener fe requiere coraje, la capacidad de correr un riesgo, la disposición a aceptar incluso el dolor y la desilusión.

El estar atento para escuchar que es lo que la vida nos tiene para decir parece ser una de las tareas más difíciles, mientras tanto continúo atesorando en papelitos lo que ella me susurra al oído.

Del tiempo y el olvido

NostalgiaEs una sensación rara pero agradable, son solo unos segundos, son los primeros pasos de lo que luego se convertirá en pasado. Pero estos primeros segundos son como un nirvana, llenos de esperanza, de alegría, de dicha, hambrientos de felicidad. Son los que me hacen pensar que mañana será distinto de hoy y de ayer, que hay algo por lo que vale la pena salir a la calle y sentir las caricias del viento entibiado por el sol.

Me pregunto cuál es la distancia que separa un momento vivido del olvido. Si la experiencia fue buena, la distancia al olvido es proporcional a las ganas de revivir ese mismo momento. Cuantas más ganas tengo de retroceder el tiempo y revivir el pasado más largo se hace el camino al olvido. Si la experiencia fue mala, la distancia es proporcional al miedo de revivirla. Muchas personas viven hasta el último de sus días con un miedo que las paraliza y no les permite avanzar, dejar el pasado en su lugar y continuar.

Con el tiempo me he dado cuenta que cada uno tiene la respuesta en sí mismo. El pasado es pasado y solo vivimos en el presente. El tiempo no se puede detener, no sabemos que deparara el futuro, pero mientras tanto los segundos seguirán cayendo, el trabajo es hacer que cada uno valga la pena. Por eso, más que olvidar, lo interesante es transformar y reconocer que el pasado no se puede cambiar pero si puedo convertir mi presente.

Aprender del pasado pero no vivir de él o para él. El pasado solo debe dejar enseñanza, ser una referencia de que es lo que nos hace mal, que es lo que no queremos para el futuro y cuáles son las cosas que realmente importan. Difícil es transformar algo que uno no quiere dejar, recuerdos que no se repetirán, la nostalgia es el peor enemigo en esos momentos. No dejarse vencer por ella supone el primer paso de la transformación.

La nostalgia, ese sufrimiento de recordar algo que se ha tenido y que ahora no se tiene, es el velo que enceguece el presente. Es una muralla que no deja avanzar, que nos aísla de nuevas experiencias y personas por conocer. Comenzar a derribar esa pared, ladrillo por ladrillo, es comenzar a transformar el presente. Siempre sin dejar de lado que nos llevó a estar en ese lugar en un primer momento.

 

Al comienzo solo eran unos segundos que aparecían de improviso entre un mes lleno de ellos. A veces alcanzaban tres de ellos de los casi tres millones que transcurren en un mes. Gracias a esos tres hoy estoy aquí, escribiendo luego de tanto tiempo. Me preparo para cuando el reloj se los lleve, porque luego vendrán millones más que transformar. Agradezco estar consciente de los pocos que son buenos, saber valorarlos y no desperdiciarlos porque esos pocos segundos son el primer ladrillo que quito de mi muro.

 

Nada es igual.

Zamba para olvidar

OlvidoEn vano es tratar de rastrear las pocas visitas que osan perturbar la tranquilidad de este viejo blog. Difícil es cortar los lazos con quien ha dejado una marca imborrable en el corazón. Egoísta es creer que esa persona aun siga pensando en mí. Insensato, esperar que algún día vuelvas.

Una vieja zamba se pregunta “No sé para qué volviste; si yo empezaba a olvidar”… Pero es mentira, todavía no empecé a olvidarte, tan solo comencé a transitar el largo camino del adiós. Seguramente algún día todo quedará en el pasado, pero hoy el presente pesa demasiado. La respiración se hace entrecortada, la angustia se empeña en revisar, investigar, trata de encontrarte en algún sitio que antes fue nuestro o en alguna foto perdida. No entra en razón, no comprende que busca alivio en los lugares equivocados.

… “Que pena me da, saber que al final de ese amor ya no queda nada”… y no debe quedar más nada. Porque ya lo intentamos todo, porque ya soportamos todo y simplemente porque no creo que haya algo que deba quedar. Porque la traición, el engaño y la mentira no son cosas que deban quedarse y sin embargo son las que hoy tengo más presentes. Qué pena me da que no haya quedado el amor, la confianza, el respeto.

El primer reflejo fue cortar con todo, forzar el olvido y en vano tratar de borrarte de todos lados, … “La tarde se ha puesto triste; y yo prefiero callar”… Evitándote quiero defenderme, pero no puedo engañarme. Por momentos creo que ésta situación es más dolorosa que lo que hemos vivido juntos. ¡Me olvido; que ciego estoy! … “Para que vamos a hablar; de cosas que ya no existen”… Para que desperdiciar energía en algo que no tuvo, no tiene, ni debería tener más sentido.

… “Solo una pobre canción; Da vueltas por mi guitarra”… Y esa canción es la de seguir en pie y caminando hacia adelante. La de seguir soñando y creyendo en algo mejor. La de no bajar los brazos, luchar y crecer. Reconociéndose a uno mismo haciéndole frente a los miedos y las angustias. Porque no es una pobre canción si se toca rodeado de los seres queridos, de los amigos y de todas aquellas personas que creen en uno.

Y sin embargo, aunque seguro no lo seas, aún no puedo quitar de mi cabeza la idea de que alguna de esas visitas solitarias fueras tú.

Zamba para olvidar

No sé para qué volviste
si yo empezaba a olvidar
No sé si ya lo sabrás llore cuando vos te fuiste
No sé para qué volviste,
que mal me hace recordar
La tarde se apuesto triste
y yo prefiero callar

Para que vamos a hablar
de cosas que ya no existen
No sé para qué volviste
ya ves que es mejor no hablar

Que pena me da saber que al final
De ese amor ya no queda nada
Solo una pobre canción da vueltas por mi guitarra
Y hace rato que te extraña
mi zamba para olvidar

Mi zamba vivió conmigo,
parte de mi soledad
No sé si ya lo sabrás mi vida se fue contigo
Contigo mi amor contigo
Que mal me hace recordar

Mis manos ya son de barro,
tanto apretar al dolor
Y ahora que me falta el sol,
no sé qué venís buscando
Llorando mi amor llorando
También olvidame vos.

Ver

(Letra: Julio Fontana. Música: Daniel Toro)

Sin miedo a nada

miedosYa no recuerdo si en alguna nota pasada habré hablado del miedo, pero no importa, hoy retomo el tema. Más que nada quiero tratar el miedo al cambio, el miedo a lo desconocido y lo peor de todo, el miedo a lo que no nos animamos a hacer.

Si nuestro sueño es crecer como personas y buscar lo que para cada uno de nosotros es la felicidad, siempre pero siempre va a ver implicado un riesgo y una responsabilidad que asumir. La responsabilidad consiste en tomar aquellas decisiones que nos lleven a cumplir nuestros objetivos sin que ello implique perjudicar a otras personas, asumir el control de nuestras vidas y no dejar que nadie decida por uno mismo. Por otro lado, invariablemente el riesgo de fracasar va a estar presente, porque aunque nosotros queramos el bienestar siempre habrá personas egoístas y sin escrúpulos dispuestas a ponernos palos en la rueda.

Pese a que estas personas existan me parece mucho peor cuando uno mismo es el que se pone los palos en la rueda. Cuando son muy fuertes y están demasiado arraigados son los mismos miedos los que se transforman en esas trabas. No hay nada peor que sea uno mismo el que boicotee su propio camino. No digo que lo hagamos a propósito solo por querer dar lastima, todo lo contrario lo hacemos porque nuestras experiencias pasadas dejaron huella, porque la educación que recibimos nos enseñó a ser pasivos, porque la sociedad en su conjunto le teme al cambio.

Nos sentimos muy cómodos en nuestra zona de confort, en ella todo es predecible y controlable en gran medida. Es en esta zona donde sabemos que lo que hacemos está bien, quizá no nos llene de felicidad pero tampoco caemos en la desesperación. Nos acostumbramos a ella sin darnos cuenta que con el tiempo nos moldea y limita en nuestras capacidades. Quedarse mucho tiempo en esta zona puede ser peligroso, podemos seguir soñando, pero de a poco esos sueños parecerán inalcanzables. Pero nuestros sueños se encuentran fuera de esta zona y vencer el miedo a salir de ella es el primer paso para alcanzarlos.

Nadie dice que sea fácil, lo difícil es poder ver las capacidades y herramientas con las que contamos cada uno para poder salir y adentrarnos a una nueva zona. Confiar en nosotros mismos y pensar que siempre está la posibilidad de fracasar al salir, sin embargo que esto no sea un impedimento para quedarnos cómodos. Del fracaso se aprende y con el también crecemos, ganamos en confianza y expandimos la zona de confort. Salir a buscar nuestros sueños depende de cada uno, vencer los miedos es animarse a más. Es animarse a crecer, aprender, amar, quererse a uno mismo y sobre todo, es animarse a ser feliz.

A modo de inicio… (Cuando me amé de verdad)

SmileUn nuevo año ha comenzado y está en nosotros dejar que todo siga igual o seguir buscando lo que no pudimos alcanzar en el anterior. No dejemos que las metas y las propuestas de cambio se acumulen en enero. Las metas deberían proponerse todos los días. Levantarse todas las mañanas y ponerse como meta tener un día feliz debería ser lo esencial. Mentalizarse en positivo todas las mañanas es el primer paso para tener un gran día.

Si logramos que el 51 por ciento del día sea un gran día, por insignificante que sea, ya cuenta como positivo. Acumular la mayor cantidad de estos días positivos al año nos ayudará a predisponernos a que cosas buenas nos sucedan. Acumular de estos días nos ayuda a alcanzar nuestras metas y que a fin de año podamos decir que fue un excelente año.

Aunque siempre es costoso quedarse con lo bueno, no sirve de nada evaluar lo negativo de cada año, tendemos a dar vueltas y más vueltas sobre lo malo que nos pasó. Si tratamos que cada día sea un hermoso día lograremos despejar la negatividad y a la hora de la evaluación no habrá lugar para lo malo. Comenzar a quererse cada vez un poquito más es el primer paso para tener un gran día.

Con este año, seguiremos escribiendo en este blog sobre aquello que hace que esta sociedad funcione, sobre aquellas cosas que creemos que son naturales y las aceptamos sin darnos cuenta que puede existir otra razón. Trataremos de llamar la atención sobre aquellas cosas que hacen que nuestro día se desvié y termine siendo uno malo. Como así también trataremos aquellos sentimientos e ideas que nos ayudan a que cada día sea un día mejor.

 

Cuando me amé de verdad

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin