Tocar

Hace un par de días, más precisamente el jueves del paro, me encontraba caminando por las calles del centro junto a mi hermano. Habíamos terminado de ver la función de Séptimo Día y le propuse recorrer Corrientes hacia el Obelisco y parar en alguna pizzería a comer algo. La noche estaba algo nublada pero agradable. El ser un día de huelga hizo de esas horas algo raramente único. Parecía un domingo típico, donde solo están abiertos locales gastronómicos, teatros y algún que otro kiosco. La diferencia estaba en el ruido del tráfico, o mejor dicho, en la ausencia de este. Muy pocos autos y ni un colectivo rugiendo sus motores. El murmullo de la calle se hizo presente, podía escucharse como las parejas se decían y reían cosas al oído o a la multitud en la vereda de enfrente esperando para sacarse una foto con la actriz que salía de hacer su función. Cubiertos y platos a través de los ventanales de las tradicionales pizzerías, charlas de política y fútbol entre amigos en las mesas sobre las veredas. Un tema de Charly a lo lejos desde la única disquería abierta a esa hora.

Cuando salimos de comer unas porciones de Kentucky recomendé a mi hermano que camináramos despacio para bajarlas sino la patada al hígado la sentiríamos todo el fin de semana. Desde la esquina ya se veía la luminosa marquesina del Paseo La Plaza, como todos los teatros, se encontraba abierto. Al llegar a la entrada veo de refilón a una señora que se acercaba a todo aquel que entrara o saliera del complejo. Lo primero que atiné a escuchar fue “vendo” e inmediatamente mi cerebro puso mi cabeza a mirar nuevamente hacia adelante. Pero, luego de un par de pasos, y gracias a que ese día no había colectivos para tapar la voz de la anciana pude escuchar por completo la frase “vendo mis poemas”.

Me di vuelta, pedí a mi hermano que me esperara un segundo y mientras buscaba el vuelto de las pizzas me acerque a la señora para comprarle uno de los poemas. Al verme me dio un pequeño tríptico con varios de sus escritos, me leyó uno:

Yo toqué una flor

Toqué la energía

Toqué la ilusión.

Yo toqué un amor

Toqué la alegría

Toqué la emoción.

Yo toqué el dolor

Que me perseguía

Y se transformó en pura poesía.

Y me quedé días sorprendido de como esa poesía me había tocado en el momento indicado. La cual, cosas del destino, no habría llegado a mis manos de no haber sido por una huelga.

paseo

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